Hay un dicho que a la letra dice: "El ejemplo enseña más que mil palabras". Esto guarda total concordancia con lo que les relataré a continuación: Era domingo y me había quedado con mis retoños en casa, entre limpieza y ajetreos propios de un domingo en familia, me puse a ver un partido de fútbol, cuando por la emoción de una acción que terminó en el larguero del arco, le pedí encarecidamente al árbitro que le concediera medio gol al equipo que había realizado tal proeza (como si el referee fuera a escucharme), pero no había notado que a mi lado el menor de mis hijos había sido testigo en primera fila de tal reclamo, las cosas transcurrieron sin inconvenientes y terminé el fin de semana más cansado que el gasfitero del Titanic. A la semana siguiente el menor de mis hijos se encontraba jugando un partido dentro de la casa (como siempre obediente), hasta que oímos que le reclamaba a su tío que...